“Los arquitectos no inventan nada, solo transforman la realidad. ”

Esta semana, por motivo de la exposición en clase sobre el trabajo de Siza, comenzaré este post con su contextualización.
Nacio en Matosinhos, Portugal. Quiso ser escultor pero se matriculó en arquitectura, una disciplina pareja para no contrariar a su padre, pronto comenzó a dibujar, lo hace todavía a cualquier hora y cualquier dia con trazos nerviosos, muy puros, muy limpios, con manos macizas y en ellos esta el germen de sus obras, donde la materia se convierte en una forma del espíritu.
Es conocido como el maestro, llamado asi desde Frank Ghery hasta las taxistas de Oporto, le llaman asi porque crea discípulos con toda naturalidad.
Siza comenta que la primera vez que sintió interés por la arquitectura fue en una visita que hacía con su familia a Barcelona, en el final de los años 40. Prácticamente todos los años en vacaciones viajaban a alguna ciudad española, y ese año fue Barcelona, su padre preparaba los viajes. Fue entonces cuando apareció un tal Gaudí y le intereso porque sus obras parecian escultura. Le intereso porque vió que las cosas banales que existen en una casa (puños de la puertas, protección de los muros, piezas de las ventanas, etc.) era todo igual a su casa pero junto de una tal forma que todo se transfiguraba creando una atmósfera y unas formas inesperadas. Por ello, Siza, se interesó mucho por la arquitectura y entonces fue cuando se comenzó su formación.
Es más fácil reconocer a simple vista una obra de Siza que tratar de definir su estilo. Si hablamos de su forma de trabajo, no podemos dejar de mencionar la importancia del trabajo en su estudio, periodistas y arquitectos que han trabajado con el, comentan que un domingo es un día mas en su estudio, Alvaro Siza siempre esta trabajando, realiza bocetos a todas horas, hasta encontrar el detalle final que busca para sus obras, el realiza los apuntes, y es entonces cuando en su estudio se llevan a cabo las maquetas para observar si es posible encontrar ese resultado.
Para ello, hablaré en concreto dos obras con un análisis y comparación:
Piscinas en Leça de Palmeira, Alvaro Siza.

El proyecto fue una de las primeras obras que Alvaro Siza realizó.
El océano atlántico puede ser en muchas ocasiones bravo y hostil, pudiendo convertirse en un peligro para los bañistas, en especial para los más pequeños. Es por ese motivo que se encargó a Siza estas piscinas de agua salada frente al mar para que los bañistas pudiesen disfrutar de su costa en un entorno seguro y controlado, especialmente los días en los que el mar está más movido y las fuertes corrientes y grandes olas hacen que sea casi imposible acercarse al agua.
Se trata de piscinas de agua salada situadas en contacto directo con el mar sobre un macizo rocoso, por lo que el arquitecto quiso incorporar al lugar como parte imprescindible del proyecto.
Así, sin modificar el terreno, generó las piscinas con la mínima intervención posible. Los muros de las piscinas se extienden hacia el mar fundiéndose con la roca natural. Además el nivel del agua está estudiado de tal forma que los bañistas no puedan casi distinguir donde termina lo artificial y donde empieza lo natural.
Los materiales utilizados también juegan un papel muy importante en el proyecto, haciendo que sus colores y texturas, al igual que los de la naturaleza, estén en constante cambio según las estaciones, las mareas, el clima, etc.
El proyecto completo cuenta con dos piscinas, una para niños y otra para adultos, vestuarios y una cafetería.
Los recorridos desde la calle se solucionan con suaves
rampas, logrando una armonía en el proceso que hubiese sido imposible mediante escaleras. El visitante desciende poco a poco y casi sin darse cuenta se pierde entre los muros de hormigón que componen los vestuarios y la cafetería para acabar llegando a las piscinas.
Todos los materiales son en bruto para que poco a poco se vayan transformando y mimetizando aún más si cabe con el paisaje que los rodea. Los muros de hormigón a la vista, las carpinterías de madera oscura y los tejados de cobre oxidado, hacen que el complejo sea una parte misma del entorno natural en constante cambio.
Después de hablar de esta obra, y antes de comentar la siguiente me gustaría hablar sobre una crítica que se le suele hacer a Alvaro Siza, hay quien puede decir que todas sus obras se basan en la continuidad pesada, o todas tienen el mismo color pero esa crítica no sería correcta. Por ello me gustaría comentar como actúa por ejemplo con el hormigón, debido a que es completamente distinto, por ejemplo, en el caso de las piscinas de Leça donde la realización fue más similar a un muro artesanal, no como en las últimas obras en las que utiliza hormigón blanco.
Con respecto al color, Siza ha construido muchos edificios blancos, pero también he usado todos los colores que pueda imaginarse. Depende de lo que mejor se adapte a las circunstancias. En el sur de Portugal, el estilo de esos edificios suele ser blanco porque ayuda a reducir los efectos del sol y de esa manera beneficia el interior. Pero si estoy construyendo en los Países Bajos, donde la luz no es tan intensa, probablemente elija otros colores. De modo que, como ve, las ciudades e incluso la relación con lo que ya existe, son diferentes. Para los interiores a menudo uso pintura blanca, aunque nunca es exactamente blanca. Los colores pálidos ayudan a iluminar muy bien el espacio y se manejan mejor, con un consumo más reducido de energía.
Fundación Iberê Camargo, Brasil.
Fue el primer edificio en Brasil en utilizar hormigón blanco en toda su extensión, y en su construcción no se hizo uso de ladrillos ni de elementos de unión, es muy característica la manera en la que el arquitecto emplaza un gran volumen que parece ser macizo (aunque en su interior no sea así) en esa colina de gran pendiente recuperando y reutilizando el vacío que ha quedado de la antigua cantera, y donde existe un límite exacto delimitado por la carretera.
Siza consigue que el proyecto no destaque de manera exagerada del resto del paisaje, aún siendo la posición de la obra la que hace que sea visible tanto desde la carretera como el agua, por lo que todo queda comunicado entre sí. A su vez el arquitecto hace del edificio un volumen único al que se anclan unas pasarelas las cuales sitúan de forma ventajosa en la fachada principal, y provoca así una imagen pública del edificio y a la vez, su gesto tímido sugiere ocultarse de la mirada pública.
En cuanto a la solución de infraestructura pensada como arquitectura, se ha comentado que podría considerarse una infraestructura cultural, resolviendo todos los aspectos que esto conlleva, ya que a través del recorrido que provocan esas pasarelas y el gran vacío central el visitante observa y reflexiona la obra expuesta en el museo de una manera mucho más relajada debido al ambiente que el arquitecto ha creado, junto con los enfoques y estampas del paisaje del río a través de pequeñas ventanas sin caer en el fallo de hacer un edificio mirador, siempre centrándose en el objeto principal del edificio.
El edificio no es solo una regla. Es sobre todo la materialización de un conjunto de variaciones. tanto el mobiliario como la señalética son obra suya.