Para la elección de los elementos que compondrán la instalación, parto de los flujos que he conocido de mi anfitrión Jimmy, a través de un transductor basado, supuestamente, en el cambio de color de unas piedras incorporadas a un anillo, en función de su estado de ánimo. Elijo para ello como entorno mi propia habitación.
Como el concepto, lejos se ser científico, se acerca más al mundo de lo esotérico, entiendo que ese debe ser el ambiente de fondo del espacio a transformar. Elijo como elementos de transformación una serie de guirnaldas de luces blancas (de las usadas para decorar en navidad), que serán las únicas fuentes de luz de la habitación. Las guirnaldas estarán distribuidas por todos los elementos característicos del dormitorio, y serán coloreadas cubriéndolas con papel celofán, cada uno del color correspondiente al sentimiento que yo creo que transmite a Jimmy.
Inicialmente pienso en elegir el color de cada elemento en función del código que me han transmitido de las piedras; pero profundizando más en el estudio de las interacciones entre los colores y los comportamientos humanos, descubro que existen estudios de psicología muy contrastados que establecen relaciones a la inversa: en dichos estudios, el color no es una consecuencia del estado de ánimo (como en el caso de las piedras) sino una causa. Diferentes colores producen diferentes estados de ánimo, que varían de una persona a otra.
Decido por tanto invertir el proceso en la elección del color de cada elemento; no va a ser según el color del código de las piedras, sino que va a ser el propio Jimmy, en función de las sensaciones que le produzca cada espacio, el que me ayude a determinar cada uno de los colores.
De esta manera, el armario empotrado dice que le transmite incertidumbre y cierto desasosiego, asociado en los estudios a colores como el naranja y el amarillo. Decido cubrir las luces del armario con celofán naranja.
Como ávido lector que es, las estanterías llenas de libros le provocan sentimientos relacionados con la alegría y la euforia, sentimientos que también provocan el rosa y el lila; de este último color es el celofán con el que cubrimos estas guirnaldas.
La mesa de trabajo le produce desasosiego y cierto estrés, por lo que cubro las luces de la mesa con celofán rojo, asociado a dichos sentimientos.
Por último, cubro la cama con celofán azul y verde, colores que transmiten relajación y sosiego, que es lo que este elemento transmite al anfitrión.
Por tanto, aunque sin abandonar el tono esotérico del conjunto, el resultado es más científico, por lo que me garantizo que los flujos ambientales son fieles a mi anfitrión en el aspecto cromático.
En este sentido, he encontrado un trabajo del artista francés Daniel Buren, en una intervención temporal que realizó en el Palacio de Cristal de París en 2012: creó un techo a media altura compuesto de vidrios circulares de colores distintos, que eran atravesados por la luz del sol y que transformaban el espacio de circulación de más abajo, creando sensaciones distintas a los viandantes en función del color que estaban atravesando.
Si bien se vale de luz natural, el ambiente es más real que esotérico, y la composición de los colores es en apariencia caótica, es cierto que la transformación del ambiente persigue el mismo fin: crear un flujo entre el color y el estado de ánimo.