Archivo de la etiqueta: movimientos-1

Los Movimientos. Enric Miralles.

A partir de una recopilación de ideas, imágenes y textos, Enric Miralles elabora unos dibujos que parecen líneas de un solo trazo, vibrantes, como si estuvieran en continuo movimiento y aun así desprendiendo rigor y serenidad. De hecho, nada en la arquitectura de Miralles es definitivo: siempre se vuelve a empezar. 

Los proyectos nunca están acabados y no existe un orden jerárquico en el proceso de proyectar, sino que todos los momentos o fases son fotogramas que se pueden congelar y definir finalmente en la construcción. El resultado, una arquitectura de formas complejas y estimulantes, que no formalista, está en realidad hecha para realzar las acciones del hombre, para promover el disfrute de la luz, el espacio y las vistas, y para atraer el sentido físico del movimiento.

El proyecto del Zementiri (Cementerio de Igualada (1985-1991)) es una de sus primeras obras y aun así una de las más significativas. Sólo llegar se nos abren dos caminos: una apertura negra y profunda hacia la capilla y un gran canal descendiente con los nichos a lado y lado. La capilla, aunque se encuentra sin finalizar, muestra un juego poético de luces cenitales; un gran espacio manchado por la luz y el abandono. Los nichos, formando parte de unas grandes estructuras de hormigón de contención, en parte  prefabricadas, se abren o se cierran inclinadas, basándose en la repetición de elementos con pequeñas variaciones.










                                     

A escala paisajística, el arquitecto dialoga con el entorno y lo usa hasta el punto de desdibujar el límite entre edificio y lugar. Explora un ambiguo territorio intermedio entre los dominios de la escultura, arquitectura, urbanismo y diseño paisajístico. El vínculo edificio-paisaje se manifiesta ya en planta y sección, donde aparece un enorme corte en la tierra.





Esta herida abierta delimita una calle, un recorrido procesional y espiritual que desciendo hasta las sepulturas y va sumergiéndose en el mundo de los muertos. La calle va deshaciéndose de sus capas, dejando atrás los muros de hormigón y mostrando la piedra, la mampostería forrada de malla metálica. Llega, al final, a fundirse con la naturaleza, dominado por la tierra y los árboles.

Este recorrido se puede entender como un lecho fluvial excavado en la tierra, un cauce que presenta dibujos arbitrarios de viejas travesías de ferrocarril y trozos de hormigón en su pavimiento, como troncos o piedras flotando y derivando en una corriente, que han quedado capturadas en un dinamismo detenido. En este proyecto de Miralles, nos detenemos en el movimiento. Vivimos una fracción de segundo, un fotogramas, un instante congelado en su retina.




Por tanto, podríamos definir esta arquitectura de Enric Miralles como una obra de jeroglíficos, un lenguaje abstracto, poético y profundo muy complejo de comprender en su totalidad. Miralles encarna la figura del artista misterioso, con carisma intelectual, consiguiendo que caigamos en una admiración contemplativa. El hecho de crear o proyectar es, para Miralles, arquitectura en sí misma.