Imagen 1- El molino y la cruz.
Imagen 2- Personaje principal.
11 de diciembre de 1603, en una tarde brumosa y fría, una vez más salía a pasear con mi gran amigo y fiel compañero: mi caballo Licopodio. Venía de mi hogar, de tallar una pieza de madera. Pieza encargada por mis antiguos compañeros y vecinos de la aldea para arreglar el mecanismo que hacía girar y dar vueltas a unas aspas frágiles del molino de la colina, lugar que tuve que abandonar cuando tan sólo tenía diez años debido a la peste de aquella época.
Esa tarde el ambiente estaba enrarecido; me sentía insólito, inapetente y notaba a Licopodio nervioso, dubitativo.
Mientras paseábamos sin destino alguno, sentí un presagio que me decía que debía continuar hacia el sur, cuando a los pocos minutos escuché unos gritos; venían de la aldea, lugar en el que había pasado los mejores años de mi infancia.
Nos dirigimos corriendo, dónde al llegar me encontré con un ambiente atormentado; el molino había dejado de funcionar y la gente se hallaba exasperada de penuria. La escasez de alimentos tenía a la población aterrorizada.
Entrar en “mi aldea” y presenciar esta situación me hizo rememorar el pasado y entristecerme al ver dicha tesitura. No imaginaba el acentuado deterioro del molino. Nadie me había alertado de su gravedad. Aun así me sentía culpable de no haber acabado antes la pieza. Necesitaba que esta situación cambiara y encontrar el bienestar del poblado.
Licopodio y yo volvimos a máxima velocidad a por la pieza; no había tiempo que perder. La aldea se estaba despoblando, los habitantes no podían soportar la escasez de alimentos y se dirigían en busca de otro poblado. No podía permitir que mi aldea desapareciera y que las familias que la habitaban se disgregaran.
Guardé la pieza en el interior de mi sombrero y regresé a la aldea, dónde no dudé en entregársela a dos hombres que estaban huyendo. Ellos se encargarían de arreglar el molinomientras Licopodio y yo nos encaminamos rumbo a aquella multitud para manifestarles la noticia. Deseaba el regreso de todos ellos, quería un poblado boyante y feliz.
Imagen 3- Entrega de la pieza.
Al día siguiente torné; me sentí satisfecho al ver que todo había vuelto a la normalidad, que las familias permanecían unidas y el hambre había concluido en la aldea. Me embelesó ver un poblado bienaventurado, con su radiante molino en lo alto de la colina.



