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la ciudad del acrobata ciclista


Con la ciudad del acróbata ciclista he pretendido crear un entorno libre de vehículos a motor, donde el medio de transporte por excelencia sea la bicicleta. Además, he procurado que la mayor parte de los circuitos por los que discurren las bicicletas permitan hacer acrobacias, lo que convierte la ciudad en más "divertida". Convertir a la bicicleta en el principal medio de transporte condiciona el diseño del resto de la ciudad: menos espacios destinados a viales, más zonas verdes, menos necesidades de aparcamientos,…


Desde el principio de mis trabajos con el anfitrión, he venido destacando lo importante que es para él la bicicleta; es el único vehículo de que dispone y, salvo algún transporte público de forma puntual, con él realiza casi todos sus desplazamientos por la ciudad.

Más recientemente, he descubierto que la afición a la bicicleta le viene de pequeño, cuando disfrutaba de ella no solamente como medio de locomoción, sino que también disfrutaba haciendo acrobacias con los amigos.

Todo esto me llevó a pensar mi ciudad en torno a este medio de transporte, y a analizar las consecuencias que esta decisión tendría en el diseño de la ciudad con respecto a una ciudad más estándar, diseñada en torno a vehículos motorizados.

Lo primero que concluí es que la ciudad debía de ser mucho más verde, en dos sentidos: por una parte, la menor contaminación existente gracias a la no emisión de gases contaminantes permitiría el mejor desarrollo de las plantas; por otra, se ganaría espacio para dichas zonas verdes.

Y esta ganancia de espacio se produce gracias a, por un lado, la menor necesidad de vías de circulación, mucho menos anchas y con menos espacios destinados a la seguridad (rotondas, cruces con semáforos,…), y por otro lado, a que los espacios destinados a aparcamientos han de ser mucho más pequeños.


Como segunda idea fundamental, y buscando ahondar en la idea del sueño mediterráneo de mi anfitrión, la circulación con la bicicleta debía de ser divertida, al menos alternativamente. Una buena idea para conseguirlo era procurando que la mayor parte de los tramos de circulación fueran cuesta abajo, evitando así la mayor parte del esfuerzo de pedaleo. Para ello, diseñé un ascensor central (en medio del centro comercial y de ocio), por el que pudieran subir las personas con sus bicicletas, y desde la azotea del mismo, iniciar un descenso por distintos caminos alternativos, primero hasta una montaña próxima, y luego desde ésta a las distintas edificaciones hasta permitir llegar de nuevo al centro comercial. Esta es la definición del circuito completo, pero no está diseñado para que necesariamente sea recorrido en su totalidad; el transporte se puede producir tan solo entre distintas partes del circuito y, como ya se ha dicho, por caminos alternativos, la mayor parte de ellos destinados a desplazarse mediante acrobacias.

El elemento más singular del diseño de mi ciudad son las vías ciclistas acrobáticas. Para su construcción, he decidido que un buen material podría ser la madera laminada, material que he estado trabajando durante el curso, a partir de las investigaciones que mis referentes (los Eames) estuvieron llevando a cabo durante años. Es fácil de trabajar y moldear, con las suficientes capas es capaz de aguantar el peso y la circulación de una persona con su bicicleta (pienso que con moldes de entre 13 y 15 láminas podría ser suficiente), y con el debido tratamiento superficial mediante barnices de exterior tiene una adecuada resistencia a la intemperie. A partir de dicho material, he diseñado vías que permiten circular en distintas modalidades: en descenso rápido, mediante saltos acrobáticos, chicanes, o simplemente en horizontal y línea recta.



Otro elemento a destacar en mi ciudad son las farolas, con su doble función: iluminar, y permitir el aparcamiento eventual de las bicicletas mediante el elemento incorporado que diseñé durante el curso.