Archivo del Autor: pedrocamarenamarquez

El molino y la cruz. (Pieter Brueghel)

Como cada día, al sentir el frescor de la mañana decidí levantarme de la cama, preparar algo de comer para mi mujer y mi hijo y coger el camino de siempre para llevarlo a la escuela.
Salimos de casa, aún el sol todavía no se habia puesto, cuando a lo lejos vimos una gran concentración de gente algo alterada.
Nos dirigimos hacia ella, no muy convencido por mi hijo optamos por el camino de siempre, el mas corto. Habia mucha gente, todo el pueblo de la ciudad alborotado corriendo de un lado a otro, otros parados, y otros haciendo sus tareas como si todo estuviese tan normal.
Oímos unos pasos, como si fuese el galope de un caballo, y de repente; ¡Corred! ¡Corred!, la guardia de la ciudad nos mando corred hacia una dirección concreta, no sabiamos el porque, ni tampoco nos dejó dar explicación alguna.
Cogí a mi hijo "a hombros" por miedo a que se perdiese, y corriendo, nos dirigimos hacia esa dirección a la que el guardia nos habia mandado, con cuidado de no recibir ningun golpe que la guardia propinaba a los que mas se resistían.
Una vez escapados de la multitud y de el gran caos seguimos el camino por donde la gente corría, mirando el horizonte, no nos daba ninguna pista de lo que podía estar sucediendo, el cielo estaba muy negro eso sí, nos dirigiamos hacia una tormenta.
Mi hijo ya cansado de todo el escandalo me advirtió de un gran corro de gente a lo lejos, pero no sabiamos el porque ni que sucedía en su interior. Yo miraba para los lados, para atrás, nos adelantaban, tambien adelantamos a los mas rezagados pero eso sí, todos en la misma dirección, todo el pueblo espectantes de lo que sucedía y la guardia, la única informada, no nos quiso dar informacion alguna, por lo que decidimos seguir corriendo y corriendo hasta que este caos acabase y llegasemos a su fin.

El molino y la cruz. (Pieter Brueghel)

Como cada día, al sentir el frescor de la mañana decidí levantarme de la cama, preparar algo de comer para mi mujer y mi hijo y coger el camino de siempre para llevarlo a la escuela.
Salimos de casa, aún el sol todavía no se habia puesto, cuando a lo lejos vimos una gran concentración de gente algo alterada.
Nos dirigimos hacia ella, no muy convencido por mi hijo optamos por el camino de siempre, el mas corto. Habia mucha gente, todo el pueblo de la ciudad alborotado corriendo de un lado a otro, otros parados, y otros haciendo sus tareas como si todo estuviese tan normal. 
Oímos unos pasos, como si fuese el galope de un caballo, y de repente; ¡Corred! ¡Corred!, la guardia de la ciudad nos mando corred hacia una dirección concreta, no sabiamos el porque, ni tampoco nos dejó dar explicación alguna.
Cogí a mi hijo "a hombros" por miedo a que se perdiese, y corriendo, nos dirigimos hacia esa dirección a la que el guardia nos habia mandado, con cuidado de no recibir ningun golpe que la guardia propinaba a los que mas se resistían.
Una vez escapados de la multitud y de el gran caos seguimos el camino por donde la gente corría, mirando el horizonte, no nos daba ninguna pista de lo que podía estar sucediendo, el cielo estaba muy negro eso sí, nos dirigiamos hacia una tormenta.
Mi hijo ya cansado de todo el escandalo me advirtió de un gran corro de gente a lo lejos, pero no sabiamos el porque ni que sucedía en su interior. Yo miraba para los lados, para atrás, nos adelantaban, tambien adelantamos a los mas rezagados pero eso sí, todos en la misma dirección, todo el pueblo espectantes de lo que sucedía y la guardia, la única informada, no nos quiso dar informacion alguna, por lo que decidimos seguir corriendo y corriendo hasta que este caos acabase y llegasemos a su fin.

El molino y la cruz. (Pieter Brueghel)

Como cada día, al sentir el frescor de la mañana decidí levantarme de la cama, preparar algo de comer para mi mujer y mi hijo y coger el camino de siempre para llevarlo a la escuela.   Salimos de casa, aún el sol todavía no se habia puesto, cuando a lo lejos vimos una gran concentración de gente algo alterada. Nos dirigimos hacia ella, no muy convencido por mi hijo optamos por el camino de siempre, el mas corto. Habia mucha gente, todo el pueblo de la ciudad alborotado corriendo de un lado a