Transduciendo el sonido

escuchando-el-marescuchando-el-mar1

En esta segunda parte de poner en marcha un transductor, la metodología que he tomado ha sido diferente a la inicial. Ya no intento “representar” una situación que ocurre en la naturaleza, sino que a partir de un material intento descubrir lo que sucede.

Aprender a escuchar es una de las cosas más importantes en esta vida. Prestar atención a lo que está sucediendo a nuestro alrededor para después poder utilizarlo como ejemplo en nuestros proyectos. Así partiendo del sonido que hace una caracola recordándonos al mar, planteo mi objeto. Un objeto con el que consiga incrementar el sonido y poder apreciar con sencillez, con el mismo, de donde viene el viento o donde se encuentra el mar. Poder amplificar el canto de los pájaros hacia tus oídos o el susurro de una persona que se encuentre cerca.

Se podría aprender del silencio y maravillarnos con él al igual que la gente lo hace con John Cage y su obra 4.33’’ donde el silencio predomina durante toda su actuación. Pero eso implicaría no estar utilizando mi objeto o estar haciendo un mal uso del mismo, como mirar por el, probablemente el primer impulso que tomaría todo el mundo. Ya que en esta ocasión del silencio no queremos aprender, debemos estar nosotros mismos en silencio para poder aprender del sonido de la naturaleza. Poder apreciar sentado en la playa con los ojos tapados cada cuanto viene una ola o con que potencia viene.

Para llegar a mi objeto, tuve que hacer diversas pruebas de moldes, unos más pequeños, otros más alargados, y otros que se quedaron por el camino debido a la poca consistencia del yeso. Todas buscaban la misma finalidad, aumentar la intensidad del sonido, pero a la hora de hacer la prueba de carga con mi objeto y probar a escuchar con dos distintos, conseguí apreciar distintas tonalidades de sonido. Me encontraba en el punto en el que no solo podía saber en qué dirección sopla el viento o con que intensidad, sino que si continuase un paso más adelante podría llegar a conseguir “música” de la propia naturaleza. Con el mapeado quedaba constancia de que el sonido no venía en la misma dirección si te encontrabas en una playa de arena sin nada detrás o si estabas rodeado entre rocas. Hechos que a simple vista pueden parecer bastante minuciosos y obvios pero que quizás se les pueda sacar algún partido más adelante.