Mapeado. A la caza de la posidonia

Una vez realizada la sesión del pasado viernes, me quedaba claro que tenía que encontrarle a mi trasductor un verdadero motivo de “existencia”.

En la primera aproximación, había utilizado mi trasductor como un instrumento que me permitía saber dónde estaban las algas. Sin embargo, la verdad es que eso era algo que podías ver a simple vista e incluso sentirlo a través del tacto.

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Por eso, tratando de buscar qué quería medir, llegué a la conclusión de que lo que más me interesaba era saber cuántas algas había, pero sobre todo, dónde poder capturar más y cómo.

Así, mi trasductor evolucionó de la siguiente manera: mantuve su configuración para realizar el estudio del dónde y, para saber el cómo, el trasductor fue adoptando nuevas formas que me explicaban el comportamiento de las algas.

Por lo tanto, expliquemos ambos casos:

Por un lado, el dónde. A través de estos esquemas se puede entender la metodología:

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Para geolocalizarme me ayude de las cuerdas con las que controlaba el trasductor y, midiendolas y tomando un punto base, podía extrapolar el resto de posiciones que iba consiguiendo. Los puntos de partida y de final los elegía conforme a la línea de la orilla, tratando de mantener recorridos paralelos a ella que me permitieran ir analizando las distintas zonas de concentración de algas (esas que a simple vista, ya puedes percibir).

El resultado fue el siguiente:

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Previamente, cabía pensar en que en cualquier lugar del banco de algas se podría conseguir una buena “pesca”, sin embargo, no es así, hay que matizar. Como comprobé con el estudio, las zonas más cercanas a la orilla, dificultaban el trabajo ya que son las zonas donde las olas rompen y por lo tanto más remueven las algas. Si por ejemplo conseguía recoger una buena cantidad de algas, en el momento en el que venía la ola y rompía, la mitad de las algas se soltaban. En cambio, en el otro lado del banco de algas, la situación con las olas no era un problema ya que estas, al no romper, no removían tanto el agua y por lo tanto, no peligraba tanto que se soltaran las algas del trasductor. Alejados del banco de algas los resultados se vieron reducidos considerablemente, pese a que el factor de las olas seguía sin ser un problema, lo era la baja concentración de algas (como puede parecer obvio).

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Y por otro lado, el cómo. En esos dibujos se pueden ver los modelos que generé para esta comprobación (y una descripción de materiales):

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Como se puede observar, los resultados no fueron tan dispares (a excepción del M2, que era el más sencillo). La conclusión que se puede sacar de este estudio se basa en apreciar el valor de las concavidades y sobre todo de la tipología que mejor funciona: espirales horizontales, las espirales horizontales permiten que las algas se almacenen mejor en la cesta. Ahora bien, los refuerzos verticales aplicados con el M3 no dieron malos resultados y podrían no ser mala solución, aunque el mejor resultado lo haya obtenido con el M4.

 

Finalmente, con esta vuelta de rosca a mi trasductor, no pierdo esa parte importante que era la de interactuar con él y la del disfrute mientras que obtengo dos pares de datos: los referidos a la morfología del propio trasductor y los referidos a la propia zona de estudio.

Primera aproximación del trasductor

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