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Empiezo el post con la pregunta con la que terminé el anterior. Me preguntaba un número. Cuánto. Cuantificar el carácter temporal de mi objeto.

Tras una excursión a la línea de costa de Calpe y testear el objeto completo ya tengo una respuesta: depende (que se note que soy gallega).

El objeto estaba compuesto por dos clases de arcilla, de distinta consistencia y distinta composición. Puede que a simple vista no se aprecie tal diferencia, pero su resistencia al agua es infinitamente distinta. La arcilla de color tierra en cuanto entra en contacto con el agua se deshace en segundos, mientras que la gris podría aguantar horas perfectamente, siempre y cuando no intervenga un factor externo además del mar y las olas.
Recorriendo el paseo que bordea la costa, con sus acentuados acantilados con esa roca que recuerda a la arcilla, no pude evitar establecer similitudes. Viendo el “derrumbamiento” de mi objeto tras la prueba y a su vez observando cómo la erosión de la roca de los acantilados provoca el derrumbamiento de trozos hacia el mar creando “cuevas”, cuesta no crear similitudes.

Estos nuevos espacios que se crean con el desprendimiento de la roca, parecen estables, dentro de su inestabilidad, pero nadie sabe cómo estarán dentro de 100 años o de un par de horas. Tienen por tanto, un carácter temporal, cambiante, dando una estética dinámica a la línea de costa acentuada.

Me llamó la atención también una antigua cantera que se encuentra literalmente en el mar. En el cartel informativo más próximo poco nos contaba acerca del lugar: “Entre Cala Fustera y Cala Bassetes, encontramos los restos de una antigua cantera de extracción de eolianita, arena cementada o “pedra tosca”. Los bloques de esta roca eran más fáciles de extraer, tallar y transportar que los de la caliza o “pedra viva”.”

Pero finalmente y tras tratar otras zonas de interés de la zona, aparecía una pregunta: ¿las canteras litorales marcaron la tipología urbana en fachadas del casco antiguo? A continuación explicaba que la existencia de una cantera en un pueblo daba lugar a que esta roca se usara como elementos decorativos, tanto en fachadas como en el interior de los edificios de los núcleos urbanos cercanos desde el periodo íbero-romano. Esto se debía a la facilidad de manejo del material, su moderado peso específico y su facilidad de fragmentación en bloques aprovechando el sentido de las grietas de las rocas. Características bastante similares a las de la arcilla.

Viendo todo esto, uno se da cuenta de que poco podemos hacer en la línea de costa. Es el mar el que manda, el que va moldeando el borde a su gusto. Incluso cuando el ser humano intenta hacerse con la zona, como ocurre en la cantera, no hace más que aprender del mar, extrayendo la piedra exactamente igual que el mar la va desgastando, siendo difícil distinguir la zona alterada por el hombre y la alterada por el agua.
Es por ello, que seguiré trabajando y experimentando con las diferentes clases de arcilla con el fin de entender como el mar va erosionando el territorio, especialmente en las zonas de acantilados, donde la acción del mar es más agresiva.